El activista chino Lu Yuyu denuncia las torturas sufridas durantes sus 4 años de cautiverio

El pasado 15 de julio se hacía pública la noticia de la liberación del activista chino, Lu Yuyu, fundador del medio ciudadano Not News, (@wickedonnaa), tras cuatro años de prisión. En 2019, Reporteros sin fronteras solicitaba la ayuda internacional para conseguir su liberación dado su delicado estado de salud.

En declaraciones a The Epoch Times Lu describe las torturas físicas y mentales sufridas durante su encarcelamiento, a pesar de las cuales, confiesa, que ha logrado resistirse a las presiones del régimen chino.

A pesar del reconocimiento internacional de Lu Yuyu, galardonado en 2016 con el Premio RSF a la Libertad de Prensa, en la categoría de periodismo ciudadano, fue condenado en 2017 a cuatro años de cárcel. A través de su blog Lu trabajaba para visibilizar las protestas y manifestaciones obreras en China, uno de los principales temas tabú del gobernante Partido Comunista. El 15 de junio de ese mismo año, Lu Yuyu y su compañera Li Tingyu,  dejaron de emitir información de forma repentina como consecuencia de su arresto. 

 Lu trabajó desde su blog para visibilizar toda clase de protestas, desde la expropiación de territorios, atrasos salariales, corrupción oficial o contaminación ambiental, contando con la colaboración de otros periodistas ciudadanos que le ayudaban a ofrecer información sobre estadísticas relacionadas con estas manifestaciones.

Lu y Li trataron de evadir el sofisticado mecanismo de censura online del régimen chino, conocido como el Gran Cortafuegos, para mostrar cómo las áreas rurales, estaban registrando numerosos disturbios y una represión más violenta, lo que se traduce, en palabras del propio activista, en una mayor represión de este sector de la población:

Los campesinos son discriminados desde hace mucho tiempo, no tienen derecho a hablar, no reciben atención social, son estigmatizados desde hace mucho tiempo.

En la actualidad y, a pesar de su liberación, Lu continua sometido a un férreo control, según afirma en The Epoch Times, no sólo se le asignó un oficial de policía para que le vigile e informe de su paradero diario, sino que debe presentarse en la comisaría local y se le ha prohibido ir a Beijing, Shanghai o Xinjiang. La estrecha vigilancia bajo la que permanece ha sido calificada por el activista:

como si estuviera de nuevo en prisión, pero en una celda más grande. 

Según el índice de la libertad de prensa elaborado por Reporteros sin Fronteras, China ocupa el puesto 177 de los 180 países que contempla este ranking.