Allissa Richardson piensa que ha llegado el momento de derribar algunos mitos sobre el periodismo ciudadano

“Ninguno de nosotros podría haber pronosticado el impacto de las cámaras policiales como relatos contrapuestos que compiten por describir de manera precisa lo que sucedió.” Por Hanaa’ Tameez @hanaatameez.

Foto de DaJuana Jones.

Para Allissa Richardson una de las partes más difíciles de publicar su libro fue saber que su trabajo nunca estará realmente terminado.

Richardson, profesora adjunta de la Escuela Annenberg de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad del Sur de California y becaria para 2021 del Centro Berkman Klein para Internet y Sociedad de la Universidad de Harvard, publicó en abril del 2020 Bearing Witness While Black: African Americans, Smartphones, and the New Protest Journalism (Dar testimonio siendo negro: los afroestadounidenses, los teléfonos inteligentes y el nuevo periodismo de protesta), que narra y examina “tres etapas coincidentes de violencia contra los afroestadounidenses en el país y explica cómo los narradores documentaron las atrocidades de cada período a través del periodismo”. El libro relata las historias de 15 periodistas / activistas móviles y cómo utilizaron sus teléfonos inteligentes y cuentas de Twitter para documentar el movimiento, basándose en la investigación de Richardson sobre cómo las comunidades marginadas utilizan dispositivos móviles y las redes sociales para producir formas innovadoras de periodismo en tiempos de crisis.

A principios de junio, Richardson se estaba preparando para una gira virtual con su libro cuando George Floyd fue asesinado por agentes de policía en Minéapolis, Minnesota. Su libro ya no era una instantánea histórica del modo en que el periodismo móvil tuvo impacto en la cobertura del movimiento Black Lives Matter. Se había convertido en una historia en curso.

Richardson comenzó su carrera trabajando para las revistas Jet and Ebony. Le encantaba revisar los archivos de las revistas y aprender el papel que desempeñaban en la documentación histórica. Al mismo tiempo, estaba decepcionada de que en su educación periodística nunca había estado expuesta a la historia de la prensa negra. Sabiendo que quería enseñar periodismo, aceptó un trabajo en la Morgan State University, una universidad históricamente negra de Baltimore.

En su primer año, consideró que el iPhone iba a marcar un punto de inflexión en el periodismo. En 2010, cuando Apple lanzó los primeros iPhones con cámaras frontales, Richardson los vio como una herramienta que posibilitaría que los periodistas produjeran sus propios reportajes de noticias y que “realmente democratizaría la forma en que la gente hace periodismo visual,” dijo. Sus estudiantes de Morgan State no se sentían seguros llevando consigo pesadas y costosas cámaras en algunas zonas de la ciudad.

“Cuando salió este iPhone, pensé que tal vez esta era una forma de mantener seguros a mis estudiantes”, recordó Richardson. “Puedo controlar dónde están con la función Buscar mi iPhone. Y podemos simplemente experimentar hasta dónde nos dejará llegar este dispositivo en términos de crear algo que sea creíble, que se vea bien y que suene bien. Desarrollé la primera sala de redacción basada en dispositivos móviles del país, y se llamaba Morgan MoJo Lab. Mis alumnos y yo comenzamos a experimentar con estos dispositivos de maneras que al principio a la gente le parecían una locura. Tenía al presidente de la Universidad llamando juguetes a los teléfonos móviles. Tenía todo tipo de personas que me decían que eso no era verdadero periodismo y que no era algo que fuera a quedarse”.

Aun así, el trabajo pionero de Richardson fue reconocido. La directora ejecutiva de GlobalGirl Media le pidió que fuera a Sudáfrica a dar clases sobre periodismo móvil a mujeres jóvenes que viven con el VIH/SIDA. Luego, Richardson fue invitada a organizar otro laboratorio de periodismo móvil en Marruecos donde los estudiantes estaban siendo testigos de la Primavera Árabe en los países vecinos y tenían curiosidad por saber cómo se utilizó el periodismo móvil para la cobertura de la protesta Occupy Wall Street en los Estados Unidos.

En 2014, Richardson, todavía en su rol de pionera en la enseñanza del papel del periodismo móvil en los levantamientos sociales, fue becaria invitada de Knight Nieman. Desarrolló un MOOC para enseñar a periodistas veteranos, ciudadanos y estudiantes de periodismo cómo cubrir las noticias utilizando solo tabletas, reproductores de MP3 o teléfonos inteligentes.

Su trabajo como becaria invitada en Nieman consolidó su decisión de querer enseñar a tiempo completo, por lo que inmediatamente después realizó su doctorado. Durante ese tiempo, dedicó su estudio a la población negra que a lo largo de la historia utilizó las tecnologías de su época para hacer periodismo de defensa.

“Desde los panfletos de los esclavos hasta los periódicos, pasando por las revistas y la televisión y, ahora, los teléfonos celulares, la población negra ha utilizado diferentes tipos de tecnologías para contar historias sobre derechos humanos y derechos civiles”, dijo. “Gran parte del trabajo que realizan estos activistas es periodismo. A menudo compite con la labor de los profesionales, porque [los ciudadanos] pueden estar en la escena de un modo en que es imposible para los periodistas experimentados porque las redacciones se han reducido mucho y porque no podemos estar en todas partes a la vez”.

“Mi libro es la culminación de 10 años de observaciones y enseñanzas que comenzamos como un experimento en 2010… No podemos dejar de ver todo lo que estos periodistas móviles han capturado. ¿Qué queremos hacer con lo que hemos visto? ¿Cómo podemos avanzar como nación como resultado de su labor periodística?”.

Hablé con Richardson sobre su libro y el rumbo que puede tomar el periodismo estadounidense a partir de aquí. Nuestra conversación ha sido ligeramente editada por razones de claridad y extensión.

Hanaa ’Tameez: ¿Cuáles consideras que son algunas de las principales lecciones de tu libro que los periodistas que inician su carrera, los estudiantes de periodismo y las salas de redacción pueden aplicar hoy?

Allissa Richardson: Una de las conclusiones más importantes del libro es que tenemos que derribar dos mitos sobre el periodismo ciudadano.

El primer mito que teníamos sobre el periodismo ciudadano es que iba a democratizar por completo el trabajo periodístico, la redacción y producción de noticias, y eso no ha ocurrido realmente. Lo que sucedió en cambio es, sí, tienes estas ráfagas de información que se abren paso. Tienes personas que son capaces de transmitir un relato que quizás no hayas escuchado normalmente.

Lo que no anticipamos es que iría en muchas direcciones. Y así, al igual que estos activistas tienen sus propias cámaras y sus propias versiones de lo sucedido en la escena, ninguno de nosotros podría haber vaticinado el impacto de las cámaras policiales como relatos contrapuestos que compiten por describir de manera precisa lo sucedido. En lugar de hablar de la democratización del periodismo o la democratización de las plataformas y la apertura de estas nuevas plataformas a nuevas voces, tenemos que modificar nuestra forma de pensar para conceptualizarla como vigilancia versus “contravigilancia”.

La vigilancia es mirar desde arriba. Es lo que hacen las cámaras de seguridad, las cámaras para vehículos, las cámaras policiales, y las cámaras de vigilancia urbana. Esta es la “mirada autorizada”, pero la contravigilancia es bastante diferente. Es mirar desde abajo e intentar contrarrestar un informe oficial que puede haber sido falso. Es muy subjetivo, lo que significa que está cargado de historia y se basa en comprender que probablemente dirás una mentira si no capturas estas imágenes. Así que vas a grabar la secuencia a pesar de que representará un gran peligro para ti, porque es importante que se difunda una versión diferente del relato. En el libro, lo llamo el “pesado equipaje” de saber que de todos modos probablemente no te creerán cuando lo filmes. Pero es necesario hacerlo; existe casi una obligación cultural de hacerlo porque conoces el legado de mentiras que se han difundido previamente. Muchos de los activistas expresan esta necesidad cultural de filmar, aunque saben que probablemente enfrentarán una reacción violenta.

Así que ese es el primer mito que tuvo que ser abolido: que [el periodismo ciudadano] simplemente iba a abrir las compuertas para todas estas nuevas voces sin consecuencias.

El segundo mito que creo que este libro realmente hizo añicos es imaginar que la gente que entró en la década del 2000 pensando: “Oh, Dios mío, va a haber esta brecha digital, y la gente negra y morena se quedará atrás. No tendrán forma de conectarse a Internet, habrá una nueva era de la información y simplemente no tendrán forma de participar en ella”.

Pero los datos muestran una alta incidencia de representantes de las comunidades afroestadounidenses y latinas en las plataformas de redes sociales en cualquier momento del día. Cuando comencé a mirar las estadísticas duras para ver por qué las comunidades afroestadounidenses y latinas superan a los blancos en el uso de estas plataformas, busqué más allá de los memes y las bromas para entender que esta es realmente una forma de periodismo que ha sido subversivo. Ha sido poderoso en términos de establecer la agenda para los principales medios. No necesitamos mirar más allá de los eventos del verano pasado para ver cuán poderoso ha sido el Twitter negro, por ejemplo. También debo señalar que gran parte de este trabajo está siendo realizado por mujeres negras, lo cual es fenomenal. Cuando te das cuenta del legado del movimiento por los derechos civiles, en la organización nacional, siempre hemos dado crédito a los carismáticos hombres negros: Martin, Malcolm, Medgar. Los John Lewises del mundo. La gente a menudo no recuerda que Diane Nash colaboró con John Lewis. Muchas mujeres apoyaron el movimiento por los derechos civiles a lo largo de la historia e hicieron el trabajo sucio, por así decirlo: se arremangaron, hicieron carteles, prepararon comida. Diseñaron la estrategia para el boicot de autobuses de Montgomery, por ejemplo; fue un grupo de profesoras las que lo hicieron. Pero no escuchamos ese relato todo el tiempo.

Pero ahora, gracias a las redes sociales, sabemos que dos mujeres negras idearon el Blackout Tuesday. Sabemos que una mujer negra inventó la campaña #OscarsSoWhite, sabemos que una mujer negra inició el movimiento Me Too. Sabemos que tres mujeres negras crearon el Black Lives Matter. Estos son algunos de los movimientos de justicia social más poderosos de este milenio. No se me escapó el hecho de que la popularidad de estos movimientos se vio favorecida por el uso de los teléfonos móviles y las redes sociales. Para mí era importante romper el mito de cuál mirada autorizada era la que importaba. También era importante para mí nombrar y dar crédito a las mujeres negras que finalmente estaban recibiendo lo que les correspondía, obteniendo finalmente el reconocimiento por ser las organizadoras magistrales que eran.

Tameez: ¿Qué impacto han tenido las redes sociales y los teléfonos inteligentes en esta noción de objetividad que ha existido durante tanto tiempo en la industria de los medios de comunicación?

Richardson: Creo que la objetividad siempre ha sido un mito. Creo que cuando hemos dicho “objetividad”, ha sido un eufemismo al escribir para el lector blanco de clase media, específicamente los lectores masculinos. Pero debemos darnos cuenta de que no solo los blancos están leyendo las noticias. Personas de todo origen y procedencia las están leyendo, y si reconocemos esto, también reconocemos que debemos incorporar sus voces y sus imágenes de manera que no solo sean abusivas, sino también explicativas. Mucho del periodismo que veo en estos días refleja esos valores. Dice que el objetivo debe ser la transparencia, no la objetividad. Un periodista debe ser transparente sobre sus posturas y sobre su procedencia. Deben ser transparentes sobre cómo su identidad informa de lo que te están diciendo. Eso es más valioso que esta falsa apariencia de objetividad.

Se han escrito excelentes artículos sobre este tema: un gran artículo de opinión de Wesley Lowery fue publicado en el verano, y un colega de la USC, Gabe Kahn, escribió un magnífico artículo sobre transparencia versus objetividad. Creo que el nuevo objetivo del periodismo es que la gente sea honesta sobre su procedencia, sobre sus puntos ciegos y sobre cómo sus antecedentes pueden haber influido en sus informes.

La objetividad no le ha servido a los sectores marginados en el pasado. Intentar pretender ser objetivo, o que solamente nos basamos en datos y no en sentimientos, son cosas que nos han metido en este lío de cómo representamos a las personas de color en general.

Tameez: ¿Cuál ha sido la respuesta a tu libro?

Richardson: El libro salió dos semanas antes del asesinato del Sr. Floyd. En el texto, hablo de los casos de Michael Brown, Freddie Gray, Walter Scott y Sandra Bland. El libro ofrece una instantánea histórica, pero cada día se agregan más nombres a esta lista realmente horrible de personas que han perdido la vida a causa de la brutalidad policial. Una de las partes más trágicas de escribir este libro es saber que nunca se terminará.

La recepción que tuve fue realmente cálida. Algunas personas se alegran de que el libro sitúe los actos de testificación y periodismo móvil en un mismo canon. Algunas personas admitieron que no sabían que los afroestadounidenses hicieron este tipo de contribuciones al periodismo. Y la gente me dijo: “Nunca había oído hablar de algunas de estas publicaciones negras que se citan en el libro. Y ahora las voy a enseñar en mi clase”.

Me invitaron a hablar en televisión sobre cómo usar responsablemente las imágenes de estos videos [de brutalidad policial]. Me horroricé al ver que el video del asesinato de George Floyd se mostraba una y otra y otra vez sin difuminar su rostro ni dar ningún tipo de advertencia. A veces, simplemente aparecía como material de archivo. Cuando no puedo proteger a mis hijos, que tienen seis y ocho años, de estas imágenes, me enojo. Escribí un artículo para The Atlantic que hablaba de cómo deberíamos usar estas imágenes de manera responsable. Muchas salas de redacción me pidieron que los visitara y les hablara sobre lo que deberían estar haciendo porque decían “Oh, Dios mío, hacemos esto todo el tiempo y nunca nos dimos cuenta de que estamos contribuyendo al problema”.

Participé de la sesión plenaria de apertura en la conferencia conjunta NABJ/NAHJ (las dos organizaciones que agrupan a los periodistas de las minorías negra e hispana). Hice una evaluación honesta de todas las experiencias traumáticas que enfrentan los periodistas negros al cubrir este tipo de noticias, pero también tratando de mantenerse cuerdos, saludables y felices. Terminé siendo invitada a hablar sobre salud mental para varias organizaciones periodísticas.

Tameez: Después de leer tu libro, ¿qué pueden hacer los responsables de las redacciones para apoyar a los periodistas negros y a otros periodistas de sectores marginados en sus salas de redacción?

Richardson: Las salas de redacción deben tener cuidado de no asignar este tipo de historias solo a los periodistas negros. Varios periodistas negros se me acercaron después de la conferencia de la NABJ y me dijeron que eran la persona predeterminada en la redacción para cubrir todo lo relacionado con el racismo. Es agotador, deshumanizante y desmoralizador que la sala de redacción los vea como los únicos capaces de explicar cómo es la injusticia sistémica. Es responsabilidad de todos resolverlo.

Cuando los blancos mueren violentamente, nos aseguramos de garantizarles dignidad en sus momentos finales. No mantenemos esas imágenes en rotación. Piensa, por ejemplo, en esas imágenes realmente atroces del [periodista] Daniel Pearl decapitado. Me horrorizaron y traumatizaron cuando era una joven periodista en la Universidad del Noroeste. [Ese video] solía estar en línea, pero hemos hecho un buen trabajo al eliminarlo de Internet. Solía ​​haber imágenes en línea que mostraban a personas saltando de las Torres Gemelas el 11 de septiembre. Estoy muy contenta de que esa secuencia se haya borrado de Internet. No necesito ver esas imágenes para saber que sucedió algo horrible ese día. Pero cuando se trata de personas negras, estamos tan acostumbrados a ver violencia contra ellas, ya sea la imagen del esclavo con cicatrices entrecruzadas en la espalda, fotografías de linchamientos o fotografías de protestas por los derechos civiles en las que se ve a jóvenes siendo atacados por perros de raza pastor alemán o sacudidos por mangueras de incendios. Estados Unidos se ha acostumbrado a ver cuerpos negros en peligro. Las redacciones deben dar a las vidas de los negros y a la muerte de los negros la misma dignidad que le damos a la muerte de los blancos.

Quiero que las salas de redacción se aseguren de ser muy conscientes de cómo están usando estos videos, porque en realidad están reforzando la supremacía blanca cuando muestran a personas negras que reciben disparos sin encontrar justicia. Me alegra que algunos de los videos sean cada vez más difíciles de encontrar. Pero todavía queda mucho trabajo por hacer, se necesita mucha tarea educativa para explicar a los periodistas cómo este tipo de deshumanización conduce no a la justicia, sino a la explotación y la revictimización de una comunidad.

Tameez: Este año, como becaria de Berkman, estás investigando cómo las comunidades marginadas producen periodismo en tiempos de crisis. ¿Qué tendencias estás viendo, tanto positivas como negativas?

Richardson: Nunca hubiéramos sabido de algunos de estos relatos si un periodista ciudadano no hubiera estado allí haciendo periodismo móvil en el lugar correcto y en el momento adecuado, a pesar de que se trata de una situación traumática para ellos. Una niña de 17 años grabó el video de George Floyd. Creo que es muy útil tener este tipo de videos porque todavía hay un gran sector de la población estadounidense que no cree que la brutalidad policial sea significativa, o cree que la gente se merece este tipo de brutalidad. Fue inspirador ver una coalición multiétnica de personas que protestaban por la muerte del Sr. Floyd, arriesgando sus vidas durante una pandemia. No solo personas traumatizadas de la comunidad negra, sino personas de todos los grupos sociales. No creo que tendrías eso sin la filmación.

Sin embargo, la desventaja es que las personas que filman estas imágenes son a menudo las únicas que enfrentan un castigo. Piensa en la muerte de Eric Garner, y en Ramsey Orta, la persona que filmó el incidente. Orta le dijo a la revista Time que desearía haberse ocupado de sus asuntos ese día, porque desde entonces ha sufrido acoso. Lo acusaron de delitos vinculados con armas y lo mandaron a la cárcel de Rikers y solo recuperó la libertad debido a una apelación durante la pandemia de Covid-19, porque todos estaban tratando de liberar a delincuentes no violentos. En las duras entrevistas que dio a The Intercept y a otras publicaciones, contó que fue envenenado mientras estaba en la cárcel y fue constantemente acosado por los agentes penitenciarios. Eso es lo que les puede suceder a estos testigos.

Todos los activistas con los que he hablado denunciaron que tuvieron algún tipo de encontronazo incómodo con la policía después de testificar. Algunos fueron convocados usando su nombre de usuario de Twitter cuando salieron a protestar. O fueron seguidos y fotografiados por autos sin distintivos. Parecen cosas sacadas de una película, pero no lo son. Cuando compartieron estas cosas conmigo en el libro, me horroricé. No tenía idea de que ese era el costo de dar testimonio cuando se es negro.

El periodismo móvil se ha convertido en una fuerza para muchos de los modernos movimientos por los derechos civiles de los que hemos sido testigos. Ha crecido durante la última década, desde algo que yo solía enseñar el compromiso cívico de los jóvenes para convertirse en algo que ahora ha derrocado gobiernos y ha hecho que nuestro propio gobierno nacional se cuestione cómo queremos avanzar con la vigilancia policial aquí en Estados Unidos. Ese enorme cambio es uno que nunca me cansaré de estudiar.

Esta entrevista de Hanaa’ Tameez, (@hanaatameez), publicaba en The Nieman Lab, ha sido traducida por Juan Arellano, para Periodismo Ciudadano.