Caricaturas de la Primavera Árabe: Periodismo ciudadano desde Siria a Sudán

¿Qué podemos aprender de los éxitos y fracasos de las revoluciones en el mundo árabe de los últimos 10 años?

Imagen cedida por Khalid Albaih (@khalidalbaih)

En el 2011, las caricaturas de Khalid Albaih sobre la Primavera Árabe se volvieron virales en Medio Oriente y África del Norte. En esta serie creada para Al Jazeera, Khalid revisa algunos de sus trabajos y reflexiona sobre la diferencia que ha marcado la última década para la gente de la región.

Al comienzo de la revolución siria en el 2011, había un elemento predominante en las noticias: imágenes poco nítidas obtenidas por periodistas ciudadanos anónimos usando teléfonos móviles.

Internet, y un nuevo reconocimiento del periodismo ciudadano, había cambiado la dinámica de quién tiene el control de la narrativa. En las calles, la gente común estaba arriesgando sus vidas para mostrarle al mundo la realidad sobre el terreno a la que a veces era difícil acceder incluso para los periodistas.

De eso se trataba el primer #khartoon que publicamos aquí cuando lo dibujé hace 10 años.

Durante los primeros meses de la Primavera Árabe de Siria, lo que predominó en la cobertura de noticias y en los muros de Facebook fueron principalmente videos de manifestantes, hombres y mujeres, bailando el tradicional Dabke en las calles.

Luego, mientras más videos surgían, más se compartían en las redes, esto derivó en una mayor cobertura en los medios internacionales, lo que movilizó a la gente en Occidente, lo que a su vez condujo a los políticos occidentales a actuar, principalmente en busca de votos.

Pero a medida que pasaban los años y aumentaba la inestabilidad, los videos de ambos bandos comenzaron a volverse más violentos. Los medios de comunicación reemplazaron el término “revolución siria” por “guerra civil siria”. Y con el cambio, los videos compartidos pasaron de mostrar bailes tradicionales a decapitaciones en HD de prisioneros de ISIL (ISIS) y refugiados en barcos rumbo a Europa. Esto resultó en un aumento de la xenofobia en los países occidentales, y los políticos se unieron a la ola antimigratoria como una táctica para obtener votos, tal vez incluso los mismos votos.

Los videos comunes, los periodistas ciudadanos y la propia Siria desaparecieron por completo del ciclo informativo. Mientras tanto, los poderes fácticos de la región capitalizaron el poder que el periodismo ciudadano había creado, movilizando oleadas de trolls para ahogar o diluir la narrativa en torno al conflicto, no solo en Siria, sino en toda la región y el mundo.

Como caricaturista político, me considero un ávido consumidor de noticias y un activista en favor de los asuntos regionales. Pero no he visto ni leído ninguna noticia importante sobre Siria durante un tiempo. ¿Significa que la violencia ha cesado? ¿O que el nivel de violencia no es suficiente como para aparecer en las noticias? ¿Los periodistas ciudadanos dejaron de filmar? ¿O es que simplemente la audiencia occidental ya no está interesada en Siria, que ha superado la capacidad de atención del mundo?

Esto me lleva a Sudán donde, en el 2011, siguiendo la ola de la Primavera Árabe, la gente salió a las calles para protestar por primera vez, y donde dos años después, en el 2013, más de 200 personas fueron asesinadas a tiros por los Janjaweed, un grupo armado cuyo líder Mohammed Hamdan Dagalo, comúnmente conocido como Hemeti, es ahora irónicamente el vicepresidente del gobierno de transición de Sudán.

La mayor parte del mundo no se enteró de estos asesinatos en Sudán porque no fueron televisados. Cuando los periodistas ciudadanos intentaron ponerse en contacto con los medios de comunicación internacionales, sus respuestas fueron principalmente que no había suficientes imágenes dignas de ser televisadas provenientes de Sudán para justificar un informe. Sin videos, no hay noticias, lo contrario de lo que estaba sucediendo en Siria en ese momento.

En el 2019, con casi todos los levantamientos de la Primavera Árabe eclipsados por contrarrevoluciones, con trolls partidarios del gobierno apropiándose de las redes sociales y las noticias falsas en aumento, Sudán fue testigo de más protestas. Aprovechando la experiencia ganada en casi 10 años cubriendo noticias de la Primavera Árabe, los periodistas ciudadanos sudaneses salieron a las calles armados con una mirada capaz de detectar noticias falsas y trolls, hashtags pegadizos y filmaciones en HD realizadas con teléfonos móviles que sabían que llegarían al corazón del público de Occidente y de las celebridades de todo el mundo.

Pronto #BlueforSudan se volvió viral; por el poder que le otorgaron los tuits de Rihanna y de la diáspora sudanesa, quienes presionaron a sus políticos locales, y lograron conseguir la atención internacional y un cambio en las alianzas políticas regionales. Las estrellas se habían alineado y esto se tradujo en la salvación del pueblo sudanés después de 30 años del régimen de Omar al-Bashir.

En los últimos dos años, sin embargo, la historia de la revolución de Sudán también ha comenzado a desaparecer de los ciclos de noticias. Pero tanto los periodistas tradicionales como los periodistas ciudadanos sobre el terreno resisten, manteniendo vivo el impulso de la verdad discutiendo temas reales en la televisión nacional o intentando crear nuevos medios independientes como Sudan Bukra TV.

Ya sea en Siria o Sudán o en cualquier otro lugar del mundo árabe, la lección para los activistas y periodistas ciudadanos es no depender solamente de las redes sociales, donde los trolls y la información falsa circula libremente, sino trabajar para controlar y promover la auténtica narrativa y ser innovador y creativo en su difusión.

Ese es el aprendizaje que nos dejaron los fracasos del 2011 y 2013, y el éxito de Sudán del 2019.

Que descansen en paz todos los que perdieron la vida tratando de difundir la voz de los invisibles.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen exclusivamente al autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de Al Jazeera.

Este artículo de Khalid Albaih publicado en AlJazera ha sido traducido por Juan Arellano para Periodismo Ciudadano.