En la resistencia contra Trump, el periodismo ciudadano demuestra ser indispensable

(Traducción realizada por  Francisco Cernadas, como parte del proyecto Traduciendo América Latina. Fuente original: Buzz Feed).

Soy una de las personas investigando a Trump en Twitter. Deberíais apoyarnos, no reíros de nosotros.

Con la cultura de la caza conspiratoria tan a menudo difamada por los medios, existe un grupo en ciernes de habilidosos y apasionados investigadores y escritores esperando establecerse.

Algunos lo llaman “la identidad pura de un hilo de pensamiento conspirador de la izquierda”. Otros dicen que es “una burbuja de noticias falsas para los liberales”, donde “las celebridades de poca monta de Twitter lanzan teorías conspiratorias desquiciadas y con poca base”. Pero la comunidad de periodistas ciudadanos enfocados en Trump que se ha formado en Twitter es una de las que me encanta formar parte, y los medios profesionales deberían estar promoviéndola, en lugar de convertirla en el blanco de todas sus burlas.

Sin duda el apoyo que nos merecemos debería ser más del tipo que se profesa hacia un hermano menor ligeramente incómodo. Pero dentro de la cultura de la caza conspiratoria tan a menudo difamada, existe un grupo en ciernes de habilidosos y apasionados investigadores y escritores esperando establecerse. La cobertura de figuras de perfil alto como Louise Mensch, Claude Taylor, Eric Garland o Adam Khan ha sido abrumadoramente negativa, y ha eclipsado completamente las docenas (quizás cientos) de otros, algunos inspirados por ellos.

He estado siguiendo a estos periodistas ciudadanos muy de cerca, ya que soy una de ellos.

Mi viaje empezó el 9 de noviembre. Estaba desilusionada por los medios de comunicación, y desesperada por aprender todo lo posible. Pronto encontré que esa búsqueda obsesiva, como el alcohol o las drogas, entumecía mi ira política y depresión. Al principio quería encontrar una pistola humeante o una prueba de conspiración, ser el próximo Woodward o Bernstein exponiendo su versión generacional del Watergate. Muy pronto aprendí acerca de la vasta y compleja red de organizaciones políticas, corporativas, sociales y religiosas conectadas al mundo Trump. Como usuaria tímida de Twitter, he compilado cientos de páginas de notas antes de tuitear tentativamente, a continuación creo diagramas de flujo, y luego continuo tuiteando mi investigación mucho más.

Los periodistas ciudadanos de Twitter pasan mucho tiempo entre la maleza, buscando entre fuentes originales: archivos de agencias inmobiliarias, listas de incorporación de negocios, documentos legales, o antiguos pero actualmente relevantes artículos. A veces el trabajo se vuelve desordenado. Algunos de los temas resultantes son como las muñecas rusas, con múltiples tuits cada uno incluyendo temas más antiguos (es fácil encontrarte completamente perdida entre tantas capas de profundidad).

Otros temas son esfuerzos en equipo, y seguirles el ritmo es un paseo salvaje. Una persona tuitea sobre un negocio de Trump en Baku, y alguien más responde con información sobre el crimen organizado en Kazajistán. Repentinamente, hay un oligarca en un yate en la isla de San Bartolomé, y al momento una máquina del tiempo te lleva zumbando de vuelta a la crisis financiera en Islandia. Alguien detecta una sospechosa ruta de vuelo desde Qatar hasta Aspen, y finalmente, hay un GIF de un gato surcando los cielos. Es fascinante, pero también hace que la cabeza te de vueltas.

Las historias de Trump/Rusia mezclan sentimientos fuertes, y la investigación es frecuentemente repartida con una gran cucharada de emoción. Los datos y los hechos se entremezclan con la opinión y la actitud, creando un potente cóctel que puede atraer solamente a ciertos gustos. Y el tema más común, cubierto extensamente por los medios, es la falta de la supervisión editorial.

(Traducción: Mis fuentes dicen que la pena de muerte, por espionaje, está siendo considerada para @StevenKBannon. Soy pro-vida y no me complace informar esto.)

Las fuentes de información de Twitter explotaron cuando a mediados de julio Mensch tuiteó que sus fuentes le decían que “la pena de muerte, por espionaje, estaba siendo considerada para @StevenKBannon”. Muchas de las críticas que siguieron, como del hilo de Benjamin Wittes, subrayaban el uso correcto (e incorrecto) de fuentes anónimas al realizar tales declaraciones.

Pero un enfoque en declaraciones extremas basadas en fuentes sin identificar pierde un más interesante, y valioso, tipo de trabajo que está siendo realizado todos los días por los sabuesos amateurs de Twitter. La mayoría de estos periodistas ciudadanos trabajan con fuentes primarias, como la típica información pública, y muestran su trabajo para que todo el mundo lo vea. Los resultantes hilos de capturas de pantalla pueden ser desconcertantemente complejos y confusos, y el trabajo necesita ser revisado y organizado con sumo esmero antes de producir algo significativo. Eso solo ocurrirá cuando periodistas profesionales empiecen a prestar atención a la dispar pero a menudo excelente información que sale a la superficie a diario.

Para que sirva como ejemplo, piense en la historia en la reunión de Donald Trump Jr. con el abogado ruso en la torre Trump (una historia que ha mantenido ocupada a la mayoría de los medios profesionales según se ha ido desarrollando en las semanas recientes). De vuelta a mediados de mayo, la periodista ciudadana de Twitter Polly Sigh publicó un corto hilo sobre los esfuerzos para anular la ley Magnitsky (aparentemente el tema central de la reunión) y un ex agente de inteligencia llamado Rinat Akhmetshin.

(Traducción: Por si se lo perdieron: Grassley envió una carta al Departamento de Seguridad Nacional por que Rinat Akhmetshin (ex miembro del Departamento Central de Inteligencia ruso con lazos con socios de Trump en Bayrock) no se había registrado según la Ley de registro de Agentes Extranjeros.)

Meses después, salió a la luz que Akhmetshin acudió a la reunión en la torre Trump y a mediados de julio un artículo del un artículo del New York  exploró su trasfondo con fascinante detalle. En las semanas siguientes, se ha convertido en una figura bien conocida entre aquellos que prestan mucha atención al escándalo de Rusia. Pero las conexiones descubiertas por @dcpoll en mayo (basadas en alegaciones en demandas pasadas y cobertura de prensa), van mucho más allá de eso, considerando el largo historial de Akhmetshin con círculos empresariales que incluye un grupo de asociados de Trump. Periodistas en busca de nuevos ángulos en esta historia podrían beneficiarse de una inmersión en su hilo, y muchos más como ese.

No todos los miembros de los medios están descartando la energía de los periodistas ciudadanos, y algunos están tratando activamente de aprovecharlo. Christina Wilkie en HuffPo pidió a sus lectores en Twitter ayudar a contribuir con información para una hoja de cálculo en Google Docs, mapeando conexiones entre cientos de individuos y empresas. Hace poco ProPublica pidió a la gente que ayude a encontrar nuevos hoteles Trump alrededor del país. “Hemos encontrado seis ubicaciones”, dijo el equipo de periodismo de investigación, “pero necesitamos ayuda para encontrar el resto”.

Tareas como esta, que requieren de una búsqueda metódica y distribuida a través de información pública, se ajustan perfectamente para la subcontración de periodistas ciudadanos en línea. Estamos motivados, ya hemos estado haciendo esto por un tiempo, y hay más de nosotros de lo que cualquier sala de redacción podría reunir para un solo trabajo. ¿Por qué volvéis la espalda a eso u os mofáis de ello?

Por su cuenta, sin ningún tipo de guía o apoyo, estos periodistas amateurs han empezado a unir puntos, destapar información previamente sin denunciar, y han aprendido a como rastrear la red para recabar información útil. Si sus medios no cuentan con recursos suficientes, los principales medios de comunicación deben despertar y darse cuenta de que hay un grupo de diligentes, apasionados y habilidosos investigadores trabajando gratis ahora mismo en Twitter. Con menos burla y más compromiso reflexivo, podrías encontrar al próximo Woodward o Bernstein entre ellos.

Imagen Portada: Io Sono Una Fotocamera en Flickr bajo licencia CC