Bancos de tiempo y monedas sociales en España

Bancos de tiempo y monedas sociales en España

La confluencia de la crisis e Internet ha generado múltiples posibilidades para el procomún en sus vertientes económica y social (en nuestro país, impulsado además por todo el movimiento ciudadano desarrollado en torno y a partir del 15-M).

Desde un punto de vista económico, su máximo exponente es el crowdfunding.  Massolution estimó que en 2012 el crowdfunding movió 2.700 millones de dólares en todo el mundo (un 81% más que en 2011) y que la cifra alcanzará los 5.100 millones de dólares en 2013.

Según crowdsourcing.org hay 550 plataformas a nivel mundial (lo que supone un incremento de hasta el 600% en tan solo cinco años) de las cuáles cerca de 60 se encuentran en España (cerca del 11%).

Desde un punto de vista social, tal y como señala Antoni Gutiérrez-Rubí, “la cultura del procomún, como pilar del pensamiento alternativo, tiene tres ventajas que la hacen atractiva: a) se puede aplicar en la vida cotidiana y personal; b) genera pensamiento y práctica como procesos inseparables; c) su dinámica es de abajo-arriba, experimental y práctica, posible y confiada”.

Los ejemplos más significativos de procomún y economía colaborativa tienen que ver con el p2p y el acceso abierto a la ciencia y a la nueva economía del conocimiento, comunidades de alimentos, sistemas de trueque, tecnologías cívicas y, sobre todo, bancos de tiempo y monedas sociales.

Un banco de tiempo es un sistema de intercambio de servicios, habilidades y conocimientos por tiempo. El tiempo de cada participante se valora por igual y la moneda establecida suele ser la hora. Se ofrecen y se demandan múltiples servicios: aprendizaje de idiomas o de habilidades tecnológicas, tareas domésticas, atención a personas, actividades comunitarias, asesoramiento, etc.

En 2010 había contabilizados 163 bancos de tiempo en toda España, en 2011 ya se hablaba de 213 y en 2012 se alcanzaban los 291.

En este mapa, realizado por Vivir sin Empleo podemos verlos por Comunidades Autónomas e incluso han creado una guía para su creación y gestión.


Ver mapa más grande

La Asociación para el Desarrollo de los Bancos de Tiempo, por su parte, intenta ordenar y publicar de manera colaborativa los conocimientos que se gestan en el día a día de los bancos de tiempo, fomentando el intercambio de información y experiencias así como ofrecer un espacio web gratuito en bdtonline.org.

Por su parte, las monedas sociales están vinculadas a la economía local y en 2012 estaban contabilizadas en nuestro país una treintena.

Un buen ejemplo de cómo se están desarrollando es The Social Coin, uno de los proyectos ganadores del premio Jóvenes Changemakers de Ashoka 2012. Esta asociación sin ánimo de lucro ha lanzado una campaña de crowdfunding en Goteo para acuñar monedas que inicien cadenas de acciones desinteresadas que se pueden seguir y medir a través de su web.

Estas monedas además de tener un código único son biodegradables y tienen una semilla de rosal en su interior que se puede plantar al final de la cadena de favores. A falta de 11 días para que se cierre la segunda fase de financiación ha obtenido 10.475 euros.

Como con Internet y el crowdfunding, en el caso del procomún y la economía colaborativa, su desarrollo dependerá del acceso por parte del gran público a este tipo de iniciativas, pero también debemos ser conscientes de que sus usos acaban transformándose en función de las necesidades y experimentaciones de sus usuarios y no tanto de los propósitos iniciales con los que fueron concebidos.

Por ejemplo, ¿dónde empieza y dónde acaba una cadena de favores?

Imagen | Flickr de Olivia Alcock (Licencia Creative Commons)

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