El periodista ciudadano

Desde que comenzó a desarrollarse el fenómeno una de las polémicas que no han dejado de acompañar al periodismo ciudadano es la que se refiere precisamente a su denominación. Muchos han sido los que han mostrado su desacuerdo, o incluso su indignación, con que se defina como periodismo una actividad desarrollada por gente no específicamente formada para ese fin. O mejor, por personas sin una titulación académica que acredite su condición de periodistas profesionales.

La polémica ha dado mucho de sí en estos años, y mientras el periodismo ciudadano se iba asentando —integrándose incluso en los medios tradicionales— y los medios ciudadanos comenzaban a proliferar, sus detractores continuaban argumentando esa falta de profesionalidad de los periodistas ciudadanos para deslegitimar su trabajo.

Lo más común —y ciertamente pintoresco— ha sido establecer comparaciones con otras profesiones, intentando hacer ver lo ridículo e inapropiado que resulta que un ciudadano cualquiera pretenda ocupar el lugar del periodista. La profesión más utilizada con este fin, aunque en esto ha habido también su diversidad, ha sido la de médico: ¿se dejaría usted tratar por un médico “ciudadano”? La comparación resulta, cuando menos, curiosa. Pero llevada al extremo —se ha llegado a sustituir lo de médico por “neurocirujano ciudadano”— entra ya en el terreno del esperpento.

Tras estos forzados intentos de desprestigiar el periodismo ciudadano subyace una confusión también bastante habitual, el considerar que el periodismo ciudadano surgió para sustituir al periodismo profesional. Esta es una creencia con cierta extensión, tanto entre detractores como defensores del periodismo ciudadano, pero carente de fundamento. Cualquiera puede ver, despojándose de prejuicios, que hay territorios en el ejercicio del periodismo que han de ser necesariamente transitados por un profesional. Y a un tiempo, reconocer que hoy por hoy disponemos de informaciones de interés recolectadas y difundidas por ciudadanos que de otra forma no nos habrían llegado nunca.

La virtud, en este caso, quizá esté en el término medio, en un periodismo que combine la labor de los profesionales con la de los ciudadanos. Algo que, por otra parte, ya hace tiempo que se viene experimentando en bastantes medios, algunos muy renombrados.

La idea para tratar este tema nos la ha dado The Online Revolution and Me, un blog recién nacido que afirma haberlo hecho para “explorar cómo la revolución online cambiará el periodismo”. Uno de sus primeros posts —“The Citizen Journalist”, título que hemos copiado— se ocupa de la figura del periodista ciudadano y de si éste puede ser realmente considerado periodista.

En la parte más favorable, el post cita a John Kelly, extrayendo de su libro “Red Kayaks and Hidden Gold” la idea de que no es necesario ser periodista para crear periodismo. Para Kelly, además, el periodismo ciudadano es el resultado directo de la tecnología y el hecho de que Internet haya dado a la gente las herramientas para crear contenidos periodísticos. Algo a lo que el autor del post responde preguntándose si estar en el momento y lugar adecuados convierten a alguien en periodista.

El mismo autor se responde en el siguiente párrafo que no lo cree así, pero citando a Kelly de nuevo hace notar que el periodismo profesional —los medios tradicionales— sufre junto a la económica una crisis de credibilidad. La gente confía cada vez menos en las informaciones que recibe de esos medios tradicionales, y eso —dice al autor— podría haber influido en el crecimiento del periodismo ciudadano.

Concluye el post diciendo que “Internet cambiará inevitablemente el periodismo y la forma en que se produce y se lee pero no creo que vayamos a ver el momento en que el periodista ciudadano no entrenado alcance al profesional”.

De nuevo esa idea de sustituir al uno por el otro que antes comentábamos. Y que, creo, supone un error o es al menos un aspecto anecdótico y tangencial en lo que el fenómeno del periodismo ciudadano ha supuesto ya dentro del mundo de la información. Quedan, por supuesto, muchos otros aspectos que debatir y en los que avanzar, siempre con la mira puesta en que podamos ser receptores de un mejor periodismo, de una mejor información. Pero es difícil, a estas alturas, que al periodista ciudadano se le deje de denominar así. Y, bien pensado, quizá no tenga tanta trascendencia.

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