OpenSource Journalism: aplicando la cultura de fuentes abiertas a las redacciones

El fenómeno del Software Libre -léase Software de Fuentes Abiertas (SFA) o F/LOSS (Free/Libre Open Source Software) para ser rigurosos- ha sido una inspiración para multitud de ámbitos directamente relacionados con las tecnologías de la información y la innovación tecnológica en plena era digital. Muchos conceptos y modelos utilizados hoy por la gran empresa se basan en la experiencia acumulada por los proyectos de SFA, sobre todo en lo que se refiere al trabajo en grupo, la cooperación y la colaboración en entornos distribuidos.

No es de extrañar pues que en el ámbito del periodismo -un sector en plena transformación- se comiencen a interiorizar algunas lecciones aprendidas a lo largo de los años, desde la popularización de Linux hasta los fenómenos más recientes de Firefox o Android, que han dado al movimiento OpenSource otra dimensión en lo que al desarrollo de modelos de negocio se refiere.

Es por esto que reflexionaban hace unos días en el blog del Nieman Journalism Lab sobre este particular, preguntándose “¿Qué pueden aprender las redacciones de la cultura Open Source?”; y si bien su enfoque es un tanto optimista, puede que algunas de las lecciones aprendidas que intentan estructurar en el artículo puedan estimular la imaginación del lector a la hora de pensar en iniciativas rompedoras en su propio ámbito.

Hay un extremo que no se le escapará al lector habitual de este sitio web; y es el hecho de que gran parte de la explosión de herramientas y tecnologías que tenemos accesibles en la Red -y de cuya potencial aplicación en el desarrollo del fenómeno del periodismo ciudadano nos hemos ocupado aquí en multitud de ocasiones- se apoyan en las contribuciones de una variedad creciente de comunidades de desarrollo (software) provenientes del ámbito del SFA -pensemos por ejemplo en el propio WordPress-, que se traducen en una cantidad creciente de nuevos servicios disponibles en la Web bajo esquemas freemium, o de Apps que proliferan en los almacenes para móviles.

Otro punto relevante es la evolución que han seguido los distintos actores presentes en ese escenario del SFA: de alguna manera, han pasado de ser considerados simples idealistas que contribuían con su conocimiento y sus realizaciones al bien de la humanidad, a ser vistos como verdaderos creadores en cuyas capacidades reside la clave de la innovación tecnológica, base para una transformación “schumpeteriana” de muchos sectores de actividad económica, como de hecho puede ser el de los medios de comunicación e información de masas.

Sobre esos mimbres, los chicos del Nieman Lab quieren apalancar en su reflexión al respecto la idea de promover cierta “cultura del artesano” o ‘maker culture‘ para la construcción de un nuevo periodismo. Este concepto, lanzado por Jonathan Stray en su blog, ha encontrado cierto seguimiento sustanciándose en una definición que nos recuerda en cierta forma a la cultura hacker, que incluye la voluntad de convertirte en un experto para poder “cambiar” el sistema, muy cercana al culto amateur del “hazlo tú mismo” (DIY, Do-It-Yourself). La propuesta, en definitiva, se basa en integrar cierta “tecnocultura” en la profesión periodística que, de alguna manera, alinee a los profesionales de este ámbito con la herencia cultural que hay detrás de los creadores de la Red tal y como la conocemos hoy en día.

Desde Nieman Lab (NL) identifican cuatro etapas en la evolución en esa línea de desarrollo que, a mi entender, pueden servir para que cada cual se sepa situar en su propio roadmap y que enumero y re-interpreto aquí debajo como elementos relevantes para un ecosistema informativo que aun no sabemos a qué nuevas especies dará lugar:

  • Herramientas. Estamos en esta fase, con multitud de herramientas de SFA con una aplicación meramente funcional en diferentes actividades del proceso periodístico que tiene lugar en una redacción integrada al uso.
  • Plataforma. Es el siguiente paso “lógico”, que implicaría el desarrollo de herramientas integradas de SFA para la gestión integral de las redacciones.
  • Organización. El cambio de esquema mental llevará más tiempo; la forma en que se organizan las redacciones modernas sigue aun hoy una lógica industrial y una organización jerarquizada que responde a un modelo fabril.
  • Visión. En el horizonte, todavía borroso, iluminado por ciertos destellos de innovación, la ambición de poder tratar las historias como se trata el código en la comunidad de SFA, de la misma manera que Jeff Jarvis imaginara hace más de un lustro el “periodismo en red”, también conocido como “periodismo ciudadano”.

Finalmente, tal como señalan en NL, hay dos ingredientes básicos que suponen el mayor desafío para la consecución de esa visión y que cualquiera que haya tenido relación directa con una comunidad de SFA conoce bien: comunidad -la necesidad de una red consistente, activa y consolidada de colaboradores- y liderazgo -que puede ser ‘adhocrático’ o distribuido pero que, al fin y al cabo, exige que alguien se responsabilice de cada historia.

Imagen | composición sobre una foto en el Flickr de David Sim